METODOLOGÍA
De forma general, y adaptando siempre la
metodología a los contenidos y los alumnos, se hablará en esta sección
sobre los procedimientos didácticos que se seguirán para la consecución
de los objetivos. Cabe decir que es imperativo ser flexibles en ciertos
puntos con lo que lo siguiente no es más que una declaración de
intenciones, un manifiesto inicial sobre lo que se pretende hacer,
siempre sujeto a posibles cambios o variaciones en función a los
contenidos o características concretas del alumnado.
En primer
lugar, atendiendo a las características y requisitos impuestos para la
impartición de un certificado profesional, el método será forzosamente
heterodidáctico. El formador estará presente durante la formación en
todo momento, impartiendo las sesiones con un procedimiento dialéctico,
mostrando la información de forma que se propicie que el alumnado
intervenga. La participación del alumnado en la impartición nos resulta
de gran utilidad: por un lado, escuchando y discutiendo los argumentos
de los alumnos se logra una mayor asimilación y retención de los
contenidos, por otro, para el cuerpo docente, esta participación resulta
un feedback fundamental sobre el curso del aprendizaje y poder realizar
los ajustes necesarios para resolver posibles carencias o potenciar
áreas de mayor interés siempre teniendo en cuenta el resto de la
programación.
En cuanto a la influencia que el docente ejerce en
el grupo, se pretende utilizar una metodología expositiva. Los
certificados profesionales poseen contenidos muy marcados, resultando
muy rígidos en ese aspecto, con lo que no se puede plantear una
metodología propositiva para la impartición. No obstante, creo
firmemente en dejar atrás una metodología tan autoritaria y no carente
de críticas como la impositiva. A fin de cuentas, si lo que buscamos es
que el alumnado se implique en la gestión de su proceso de aprendizaje,
se hace propio y adecuado que el formador argumente de forma lógica el
“por qué” y el “para qué” de esos contenidos. De esta forma, el formador
expondrá los contenidos sin haber habido un consentimiento de los
mismos con el alumnado, no obstante, se estructurará, organizará e
impartirá de tal forma que se obtenga una respuesta determinada por
parte del alumnado. Esta metodología me resulta la más apropiada, pues
queda complementada a la perfección con la dialéctica, de la que
hablábamos anteriormente, que nos ayudará a obtener este fin si logramos
la participación del alumnado.
En lo referente al método de exposición los
contenidos, y buscando coherencia, se hace adecuada una metodología
escéptica, todo contenido es discutible y relativo si el argumento es
suficientemente lógico y consistente. Poner en duda opiniones o
valoraciones tanto de alumnos como del docente resulta una práctica
enormemente enriquecedora si se procede con cautela y se extraen
conclusiones relevantes. Cabe decir aquí que es estrictamente necesaria
la profesionalidad y el saber hacer del docente para reconducir
discusiones en busca de un objetivo y no dejarlas a la deriva,
inconclusas, resultando en confusión y actuando de manera totalmente
contraproducente.
De todas estas elecciones, se puede deducir que
el estilo docente potenciado es el práctico, siempre buscando la mejora a
través de la reflexión e intentando utilizar una gran variedad de
métodos y técnicas para que el alumnado “aprenda a aprender”.
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